Antonio Villaseñor: "Los años van pasando y hay que implicar a los jóvenes en esto de la solidaridad"

Antonio Villaseñor: "Los años van pasando y hay que implicar a los jóvenes en esto de la solidaridad"

Prejubilado con 54 años en el banco donde trabajaba, Antonio Villaseñor se encontró con la necesidad de “rellenar” su tiempo con alguna actividad y, aunque estaba dispuesto a ir a un concesionario, aprender y “venderles los coches gratis”, acabó dedicado a las “cosas sociales”.

Fue un amigo el que lo llevó sin avisarle a una reunión de voluntarios del Banco de Alimentos en Madrid y, de repente, estaba metido de lleno en la actividad solidaria a la que se dedica en cuerpo y alma.

“Me fui como voluntario al Banco de Alimentos a cargar y descargar” y ahí lleva desde 2006, a punto de cumplir 10 años de labor altruista y desinteresada.

En las reuniones que mantuvo con los responsables del Banco de Alimentos intuían las capacidades de Antonio Villaseñor “me dijeron que era muy válido para estas cosas”.

Pasó de gestionar y controlar “capitales” en aquella oficina bancaria en la que trabajaba a buscar debajo de las piedras alimentos para los que nada tienen en otro banco, pero este solidario.

Sin embargo, desde que dejó la ventanilla de la oficina y pasara a presidir el Banco de Alimentos de Cuenca ya había otra etapa solidaria en la vida de Antonio Villaseñor. Desde el año 2002 lleva al frente del Centro de Mayores de la calle San Pedro, “sí es verdad, me buscaron y no supe decir que no”, donde se comporta casi como un padre. Implicado desde el principio, “es que lo hemos parido nosotros. A nosotros nos cedieron el edificio, y nosotros los que fuimos a Toledo... y vamos para 14 años”. Preocupado por sus mayores, allí hace de todo y conseguido, con la habilidad que le caracteriza, colaboradores de toda edad, género y condición.

Fue administrativo en la construcción y trabajó en el hospital hasta que opositó para la banca y “ahí me quedé”. Ha sido en su recorrido laboral donde ha demostrado con creces su capacidad para gestionar recursos materiales sabiendo que lo importante de verdad es la humanidad en el trato con las personas y poner cariño en lo que se hace.

En su vida ha aprendido a valorar a los otros y dice que su labor es posible porque está rodeado de “muy buenos colaboradores”, casi tan ilusionado como cuando habla de sus dos nietecillas, “una preciosidad”.

Ahora está volcado en implicar a los jóvenes en las dos tareas que le mantienen con actividad plena, “ahora sí”, hasta tal punto que sueldo no hay pero tampoco vacaciones. “Los años van pasando y hay que implicar a la gente joven para que les vaya gustando esto de la solidaridad”. En el Banco de Alimentos ya hay un secretario y un tesorero que no superan los 30 años y enorgullece a su presidente la cantidad de jóvenes voluntarios que ayudan desinteresadamente cuando hace falta. Por ejemplo, en campañas como la gran recogida de noviembre, cuando necesitan hasta 200 personas. Y “las conseguimos”, dice orgulloso y rotundo.

Etiquetas: Banco de Alimentos

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